paro nacional

El caos no conduce a nada

Juana Carolina Londoño

Escrito por Juana Carolina

El Estado no puede dejarse apabullar por el caos, el vandalismo, la criminalidad y la delincuencia común. La protesta social, legítima en cualquier democracia, no puede convertirse en el parapeto de los que quieren robar, destruir, vandalizar, amedrentar y asaltar. ¿Cómo es posible que se trate de aislar a una ciudad de las dimensiones y el significado nacional de Cali? ¿Cómo es posible que Popayán haya vivido la embestida criminal que vimos anoche? ¿Cómo es posible que Bogotá haya visto en riesgo la potabilización del agua que surte a más de 8 millones de personas? ¿Cómo es posible que no dejen pasar los carros de oxígeno para los hospitales en donde las personas enfermas dependen de eso para vivir? ¿Cómo es posible que condenen a empresas y campesinos a no poder vender sus productos llevándolos a la quiebra? ¿Cómo es posible que incentiven el desabastecimiento de las ciudades, encareciendo los productos en casi tres veces su valor, con las consecuencias que eso tiene para los golpeados bolsillos de tantas familias?

El país ya ha perdido más de 6 billones de pesos, en medio de una economía maltrecha por la pandemia. Las autoridades deben devolverles a los colombianos la tranquilidad y el orden que se necesita para poder vivir en una sociedad. No podemos acostumbrarnos al caos y al vandalismo porque es insostenible en cualquier sociedad. Es demasiado frustrante observar cómo millones de familias encerradas en sus casas ven cómo su país está siendo arrasado por fuerzas delincuenciales que deben ser sometidas y judicializadas. Cualquier país civilizado hubiera impuesto el orden que es la premisa básica para cualquier otra cosa. En la anarquía no florece nada. Todos estamos en riesgo en medio del desorden. Nadie puede progresar ni construir bienestar para los suyos si está a merced de los delincuentes y abusadores que se sienten empoderados por la falta de acción contra ellos.

Los colombianos tenemos que entender que la autoridad no es arbitrariedad sino que es el instrumento que la Constitución le otorga a los servidores que hemos elegido, para que mantengan el clima de convivencia que necesitamos y así canalizar nuestras vidas de la mejor manera posible. El desorden incentiva la incertidumbre, la inseguridad y la violación de derechos. Es volver a la ley del más fuerte y a la ley del talión de ojo por ojo. Eso sería regresar a ese estado de naturaleza que describe el tratadista ingles Thomas Hobbes, en donde todos son enemigos de todos, todos son amenaza para todos, donde el hombre es un lobo para el hombre y en donde las personas tienen una vida “solitaria, pobre, asquerosa, bruta, y corta”.

Los colombianos tenemos muchos desafíos, como tantos otros países, pero la forma de asumirlos es con trabajo, generando ingresos, oportunidades y bienestar. Los que creemos en esto debemos exigir a nuestras autoridades que actúen y cumplan con las responsabilidades que les entregamos cuando los elegimos. Ellos son los llamados a solucionar la coyuntura que estamos atravesando. En momentos como estos es cuando el liderazgo aflora y el carácter se evidencia. Ellos deben entender que lo que hagamos hoy tendrá consecuencias en el país que del mañana; en nuestra sociedad futura.

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